Cuando el amor no es suficiente. Cap.3.

El “Titotatito” que avisaba de que había recibido un mensaje de Whatsapp, se escuchó desde la cocina. Elisa corrió hacia el salón como si aquel mensaje fuese una llamada que esta apunto de cortarse. A mitad del pasillo, su chancla izquierda decidió no continuar y se quedó atrás haciendo que estuviera apunto de estrellarse con el marco de la puerta y logrando que cayera al suelo.

“Vodafone informa: Este verano el doble de megas…”

¡El doble de mierdas! Porque todo es una puta mierda. ¿Por qué no me escribes joder?-gritó desesperada tumbada en el suelo del salón.

Imaginaba qué estaba haciendo Carlos, sin saber que él, no soportaba la idea de no hablar con ella o de no escribirle pero haciendo de tripas corazón e intentando no morir en el intento, hacía todo lo posible por mantenerse alejado del móvil para no caer en la tentación. Temía hacerle daño. Solo pensaba en eso.

 

Los dos, cada uno en un lado del espejo, sintiendo ese dolor que solo la distancia y el no saber son capaces de infringirle a una persona. Un dolor que los iba distanciando y debilitando aquella bonita historia que hasta hace unos días había tenido.

 

Hay veces en las que el amor no es suficiente y la vida, que se aprovecha de todas las armas posibles, te impide ser feliz por muchas ganas y buenas intenciones que tengas. A Elisa y Carlos les estaba ocurriendo. Habían apostado todo al rojo y salió el negro. No conocían las reglas del juego y de todos es sabido que la primera regla en el juego del amor es, luchar hasta el último aliento. Algo que ellos ya no hacían. Él, por no dañarla y ella, por no presionarlo. Entre la una y el otro, nadie hacía nada por solucionarlo mientras que la corriente seguía su curso hacia el mar.

 

-¡A la mierda, a la mierda todo!.-dijo tirando el movil y seguidamente corriendo a buscarlo para asegurarse de que no le había pasado nada.

 

El estrés la superaba. Necesitaba hacer algo. No podía quedarse allí, guardándole el luto a alguien que no la quería. Quiso pensar que así era, que Carlos se había ido porque no la quería aunque en el fondo sabía que no era cierto. Y ayudándose de ese falso pensamiento, salio de casa y se marchó a la costa. Quizás allí todo fuera diferente y si no, al menos las vistas serían mucho mas hermosas. Aunque en realidad, nada era hermoso para ella.

 

Llevaba enamorada de él mas de dos años. Una historia de amor de esas de comedia romántica de éxito. Chica conoce a chico, chico conoce a chica, los dos se enamoran perdidamente y, cuando los sueños parecen que tienen la opción de comenzar a cumplirse, llega la realidad a toda pastilla, sin avisar y aparecen los anunciós cuando lo que tú quieres es continuar viendo la película con tranquilidad al lado del amor de tu vida. “Volvemos en otra vida, no cambie de canal” y así lo haces. No cambias de canal y te quedas allí, esperando, estancado en una vida que ya, no es como tu querías que fuera.

 

Veía como todo aquello por lo que tanto había luchado y llorado, se esfumaba lentamente de su lado, como lo hacía el humo de uno de sus cigarrillos, por la rendija de la ventanilla del coche.

La música de la radio apenas ayudaba. Cuando alguien pasa por un momento así, parece que todo se confabula para recordarte que tu bonita relación se ha acabado y que aquellas canciones están echas exclusivamente para ti. “Llora y jodete” parece decir el presentador de la cadena de radio más triste del mundo. Eso sí, con todas sus canciones en tu idioma, para que las entiendas bien y te mortifiques mejor.

 

Como era de esperar, no pudo aguantar más y volvio a llorar, esta vez de auténtica desesperación.

 

Parada en el arcén, con el volumen de la radio a tope; las mejillas manchadas por el rímel, y balbuceando la canción que le había dado la puntilla. “Si te vas, al menos, déjame verte…” una canción que nunca le había gustado y que aquel día se convirtió en su himno post-Carlos.

 

“Si al menos pudiera odiarlo” pensaba machacándose una y otra vez y sabiendo que nunca podría hacerlo. Nunca antes había amado con aquella intensidad y sentimiento a nadie. Era el hombre perfecto. Dulce, cariñoso, amable, sexy y el mejor amante que había tenido. Disfrutaba haciendo el amor con él tanto, que lograba perder el sentido.

 

El mar podía verse a lo lejos y el sabor de la sal era transportado por la brisa impregnándole los labios. Había llegado.

 

(Continuará)

Kiko Tellez de la Poza

 

 

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